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    Las notas de Juancho Rois, 2 décadas y su legado continúa


    Foto de Juancho Rois

    Publicado: Noviembre 21, 2014.

    Los acordeones de Juancho
    En la vida de Juancho Rois aparecen dos acordeones que jugaron un papel definitivo en su carrera. El primero, con el que aprendió a tocar sus primeras notas, después de los de juguete que le habían regalado en su niñez. Ese, de un teclado, se lo regaló su papá Juan Manuel ‘El negro’ Rois Fernández y le sacó el gusto hasta más no poder, accediendo luego a uno de tres teclados donde mostró todas sus virtudes como buen ejecutante.
    El acordeón de un teclado luego de prestar ese valioso servicio pasó a manos de la abuela de Juancho, Rosa María Fernández y seguidamente a su tía Nelly Rois, quien lo cuidaba como una joya.
    Días después de morir el célebre acordeonero, su tía Nelly, le entregó el acordeón a Jenny Dereix, la viuda de Juancho, para que se lo guardara a su hijo, quien en ese momento estaba en su vientre. “Esa joya está en mi poder y es uno de los recuerdos que se tiene del amor de Juancho Rois por la música vallenata, esa a la que le dió la mayor parte de su vida. Fue entrega total. Vivía por y para su música y los acordeones los cuidaba como sus grandes tesoros”, dijo Jenny Dereix.
    Su sueño: ser acordeonero
    Sin embargo, Rois tuvo que defender su talento musical por encima de las decisiones familiares y de los puristas que se aferraban a la “escuela clásica” de Luis Enrique Martínez. Oñate Riveros contó cómo su familia intentó hacerle olvidar a Rois su pasión por el acordeón. Incluso lo enviaron a estudiar a Bogotá. Y lo llamaron de regreso cuando lo vieron en la televisión, en el programa ‘Animalandia’, anunciando: “Soy Juancho Rois, soy de San Juan del Cesar y quiero tocar acordeón”.
    Inicios de su carrera
    A los 18 años, el acordeonero ocupó el primer lugar en el Festival de la Junta, entre los jurados estaba el cantante Juan Piña Valderrama que más adelante, por consejo de Israel Romero y Rafael Orozco, estableció con él una unión musical cuyo resultado fue la producción ‘El fuete’ -que terminó siendo el sobrenombre de Rois entre sus seguidores-. Posteriormente, vino la grabación al lado de Diomedes Díaz, con un disco que hizo honor a su nombre: “La locura”.
    Sin embargo, el cantante y el acordeonero se separaron y antes de volver, Rois grabó con Jorge Oñate. De vuelta con ‘El Cacique de La Junta’, el acordeonero compartió con el cantante sus épocas de mayor gloria. Juntos grabaron producciones como ‘Ganó el folclor’, ‘Mi vida musical’, ‘Canta conmigo’, ‘El cóndor herido’, ‘Título de amor’, ’26 de mayo’ y ‘El regreso del cóndor’.
    “Juancho Rois iba siempre más allá de los que los acordeoneros podían aportar en la época en la que estaba viviendo -dice Sergio Luis Rodríguez-. Él siempre iba avanzado en el sentido musical. Aportó majestuosidad e ingenuidad al tocar acordeón, tenía una forma exquisita. Lo que hizo con Diomedes marcó la historia del vallenato”.
    Su Legado
    El acordeonero murió en un accidente aéreo en territorio venezolano a los 36 años, el 21 de noviembre de 1994, dejando una semilla musical que ha florecido en las interpretaciones de las nuevas generaciones de intérpretes de ese instrumento. Por algo, le atribuyen la paternidad de la “nueva ola”. “Nosotros, los acordeoneros jóvenes -dice Sergio Luis Rodríguez- tenemos de modelo a Juancho Rois. Todos, sin excepción, cuando tocamos el acordeón estamos pensando en él, por su forma de hacerlo sonar con sabrosura y picardía”.
    El compañero de Peter Manjarrés cuenta que aprendió a tocar sólo, siendo muy niño, oyendo al Binomio de Oro y a los clásicos, pero también a Rois. “Era el acordeonero de moda -dice- me aprendía todos sus pases, porque tenía la virtud de poner a la gente a bailar. Era lo que tenía en cuenta cuando lo estudiaba. Me dije: ‘Por aquí me tengo que enfilar, porque era muy comercial. Su estilo aún gusta y creo que seguirá vigente por toda la historia del vallenato en adelante”. Con esa influencia, Rodríguez se coronó rey vallenato en 2009, algo paradójico si se tiene en cuenta que Rois intentó obtener el título en 1991 y los jurados consideraron que sus pases se alejaban demasiado de la tradición que promueve el concurso.
    “Él seguía mucho las notas de Alejo Durán y Juancho Polo Valencia -dice al respecto el periodista e investigador vallenato Rafael Oñate Rivero-, pero también puso de su propio estilo cuando en el Festival interpretó ‘Lucero espiritual’, de Juancho Polo. El jurado decía que no era un aire auténtico para el concurso, pero Rois siempre consideró que su interpretación era idónea para concursar”. Oñate Rivero afirma que “Juancho Rois hizo escuela. Uno de sus alumnos más aventajados, que conserva influencia de Luis Enrique Martínez y Juancho Rois, es precisamente Sergio Luis Rodríguez. Cuando Sergio, siendo niño, volvió de visitar al presidente Clinton en la Casa Blanca con Los Niños del Vallenato, su tema preferido era ‘Por qué razón’, composición de Juancho. Él retomaba sus notas”.
    Otro de los acordeoneros en los que más se reconoce su influencia es Franco Argüelles, que en su momento, también acompañó a la voz de Diomedes Díaz. “Se puede decir que Diomedes siempre ha buscado que el acordeonero que lo acompañé tenga cierta similitud melódica con Rois”, agrega Oñate Rivero.
    “La suya fue una escuela innovadora, de avanzada -explica Christian Camilo Peña, rey vallenato 2008-. Rois tenía un estilo muy particular, que le dio la posibilidad de abrirse camino entre las estrellas del momento, como Alfredo Gutiérrez e Israel Romero, que reconocieron en él una nueva propuesta. Tanto así que quienes estamos en el folclor decimos que Juancho Rois, aún después de muerto sigue tocando”.
    Rois era admirador de Alfredo Gutiérrez, a quien veía como su ídolo. Siendo adolescente, lo encontró en una parranda y le interpretó la canción ‘El troyano de la Sabana’, dejando a Gutiérrez muy impresionado.
    Su escuela
    En la historia del vallenato, solo unos pocos acordeoneros han “hecho escuela” como influencia para otros. Por lo mismo, Alejo Durán tenía un verso que decía: “Si yo me muero, el estilo se va conmigo, me lo llevo pa’l cementerio, porque ninguno me ha seguido”. Sin embargo, Rois se inspiró también en las notas de Durán. El más grande en el sentido de dejar una “escuela” o influencia ha sido Luis Enrique Martínez, cuya herencia se pudo reconocer en las notas de Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, Emiliano Zuleta Díaz, Calixto Ochoa y Alfredo Gutiérrez, entre muchos otros. Otro que hizo escuela fue el viejo Emiliano Zuleta Baquero, autor de La gota fría.
    La bondad de Juancho
    Aquella madrugada del miércoles primero de mayo de 1991, quedó registrada como un hecho enmarcado en la bondad y verdadera hermandad vallenata cuando Juancho Rois, en la gran final del 24° Festival de la Leyenda Vallenata, le prestó su acordeón ADG alto a Julián Rojas, quien a la postre se coronó como Rey Vallenato.
    De esta manera el acordeonero sanandresano con acordeón ajeno alcanzó el máximo honor en Valledupar, interpretando el paseo ‘La estrella’ (Juan Muñoz), el merengue ‘El mango de la plaza’ (Edilberto Rondón), el son ‘Altos del Rosario’ (Alejandro Durán) y la puya ‘La fiesta de los pájaros’ (Sergio Moya Molina). Su sonoro triunfo lo logró con el cajero Luis Carlos ‘Azabache’ Varela y el guacharaquero y cantante Donaldo Enrique Martínez. Julián Rojas, al recordar ese episodio manifestó que esas acciones no son frecuentes y menos en una competencia de esa categoría. “Juancho Rois fue humanista, noble, amigo y demostró que nunca era apegado a nada. Su ejemplo en lo musical y su amplia manera de ser, siguen vigentes y pocos lo superan en este campo. Cuando escuchamos las notas de Juancho se encuentra ese encanto que hace que nunca mueran, sino que se reproduzcan cada día”.
    Juancho en su largo camino en la música vallenata dejó una estela de triunfos y grabó 17 trabajos musicales al lado de Juan Piña, Elías Rosado, Jorge Oñate y Diomedes Díaz. Comenzó en 1977 con el disco ‘El fuete’ y terminó con el Cd ‘El 26 de mayo’ en 1994. Dejó también grabada en su voz y su acordeón la producción musical ‘Vallerengue’.
    Nunca morirá
    El rostro de Dalia Esther Zúñiga sigue recibiendo con estoicismo las lágrimas que comenzaron a derramarse desde aquella noche del lunes 21 de noviembre de 1994, cuando murió su hijo Juan Humberto Rois Zúñiga. En su casa de San Juan del Cesar, La Guajira, todo gira en torno al acordeonero que impuso su estilo. Tiene un cuarto, museo lo llama ella, con cuadros de la vida y obra musical del artista.
    Están los momentos gloriosos al lado de familiares y amigos. Todo hace indicar que en San Juan del Cesar, y en ese rincón ubicado en la carrera 10 número 4-27, Juancho Rois está aún vivo. Las notas de Juancho Rois, nacieron en San Juan del Cesar, su tierra querida, y se regaron por el mundo, ganándose un lugar especial. Su partida causó profundo dolor y muchos asisten frecuentemente a brindarle un nuevo tributo en su tumba, donde en la lápida está escrita una frase que lo pinta en toda su dimensión: “Lloramos tu ausencia, pero conservamos tus gratos recuerdos, porque fuiste muy bueno. En nuestro corazón perdurará tu sonrisa, tu bondad y tu nobleza”.